
Si realizamos la búsqueda “Vicente Belda” en Google, en las primeras líneas de resultados aparecerán sendos artículos que relacionan al actual director deportivo del Comunidad Valenciana (antiguo Kelme) con “El caso Manzano” y todo el escándalo que surgió hace dos años con las acusaciones de dopaje hacia su ex equipo, por parte del corredor madrileño. Ya en la cuarta o quinta hoja de resultados del prestigioso buscador, encontraremos algún dato escueto de nuestro protagonista en su faceta de ciclista.
Sin dejar atrás su merecido trabajo de director deportivo, tan importante como el de corredor, si hablamos del ciclismo español de los años 80, no podemos dejar de lado a “Le Petit Belda”, como le apodó la prensa francesa en sus dos participaciones en el Tour. No fue nuestro mejor corredor en esta década, ni el mas internacional, pero si visionamos un video al azar de cualquier etapa de montaña, incluso llana de la Vuelta a España de estos años, seguramente veremos en las primeras posiciones del grupo, un pequeño corredor, de pelo moreno y liso, facciones marcadas, casi recordando a un indio, con un maillot blanco de rayas verdes, pedaleando la mayor parte del tiempo de pies sobre la bici y siempre vigilando al contrario de manera desafiante; ese era nuestro Belda.
No consiguió grandes éxitos: ni Vuelta, ni Campeonato de España, aunque si muchos puestos entre los diez primeros en las carreras nacionales, victorias en generales de importantes carreras como Semana Catalana o Vuelta a Valencia, y a nivel internacional, ganó una etapa en el Giro de Italia 1982, a pesar de tener que abandonar en la penúltima etapa por un cólico cuando iba noveno.
Su carrera deportiva estuvo siempre vinculada al equipo Kelme. Pensar en Belda es pensar en el equipo alicantino. Creo que fue y sigue siendo el equipo de su vida. Salvo el año de su debut en 1979 que corrió en el Transmallorca-Flavia, el resto de su vida como ciclista esta unida a la decana escuadra. Compartio habitación y estrategia en carrera con otras ilustres “abejas verdes” como Jose Recio “el anti-Belda (por su contrapuesto físico al alicantino), Fabio Parra, Eduardo Chozas y recibiò lecciones del “catedrático” Rafa Carrasco que le enseño a ser ciclista y en ocasiones también aprendió del pupilo.
Belda, siempre fue un prodigio sobre la bici y fuera de ella, un hombre con una energía innata que también se demostró cuando se bajaba de su herramienta: llego a compaginar el entrenamiento diario, con la gerencia de su tienda de bicis en Alcoy, la representación de la marca de ropa Vestisport y todavía le quedaba tiempo para atender a su esposa y cuatro hijos.
Por su reducido físico, sus cualidades deportivas eran innatas para la escalada, pero nunca esperaba a la montaña para dar el hachazo a sus rivales sino por su carácter de “atacador innato” podía demarrar tanto en un descenso, como en un circuito urbano, intentar ganar en un sprint a corredores que le doblaban en estatura o incluso hacer contra reloj muy decentes.
Un corredor con raza, que jamás habría hecho lo que hizo en un ciclismo tan matemático y racional como el actual. Su filosofía del “ciclismo espectáculo” la utilizo posteriormente como director deportivo y le ha dado y sigue dando igual de resultado que como ciclista, aliviándonos a veces de “la robotización del ciclismo moderno”.
¿Qué habría sido de la Vuelta a España sin el equipo Kelme de los últimos años?¿Sin Valverde?¿Sin Escartin?¿Sin Heras?, en definitiva,...... ¿Sin Belda?. Creo que unas cuantas horas mas de siesta para los aficionados y la bajada de la audiencia de las retransmisiones para TVE.
Los equipos que ha tenido y tiene Belda marcan diferencias sin necesidad de grandes presupuestos y yo me atrevo a decir, porque no creo a Manzano, que también sin sustancias químicas ilegales, por lo menos tan exageradamente como describió el peculiar ciclista.
Comparemos al Valverde alocado y explosivo que corría con el director alicantino, con el actual, dirigido por un siempre frío y calculador, aunque gran director, Eusebio Unzue.
En conclusión, Vicente Belda, es un profesional del ciclismo de los que hay que admirar. No es un ciclista de cromo o caricatura, como han querido ver algunos, o un siempre bajo sospecha director deportivo. Las letras de su apellido son el comienzo de varias palabras que definen la práctica deportiva:
B ÚSQUEDA DEL ESPECTACULO.
E SFUERZO
L EALTAD AL EQUIPO
D INAMISMO EN CARRERA
A MOR A LA PROFESIÓN.
Añadiría una letra mas la S de SINGULARIDAD.
Puede que tenga detractores, pero habreís comprobado que yo no soy uno de ellos.


