
El ciclismo español empezaba a recuperar la calidad de los años de Fuente, Ocaña, Bahamontes, etc.... La Vuelta del 82 había sido un festival español que acabó mal por el positivo de Ángel Arroyo, siendo la carrera para Marino Lejarreta que nunca quiso reconocer esta victoria en su palmares, por no poder celebrarla tras acabar la carrera sino que el positivo del abulense fue comunicado varios meses después. Algo parecido al “Caso Heras” en este año.
La Vuelta 1983 empezaba con grandes expectativas por el prometedor futuro que ofrecían varios corredores españoles: el desaparecido Alberto Fernández, que era la máxima promesa del ciclismo nacional para la escalada, Marino Lejarreta, ya curtido en mil batallas, prometía también en las cuestas y en la contrarreloj y Julián Gorospe que con su juventud, a pesar de no ser un “grimpeur”, era un gran rodador. Nunca habíamos tenido a un contrarrelojista tan puro en nuestro ciclismo y esto levantaba grandes expectativas.
Los españoles en las grandes vueltas, empezábamos las etapas de montaña con varios minutos perdidos respecto a los rodadores y luego no éramos capaces de recuperar. Julián Gorospe era un corredor a la europea, planta de rodador, pedaleo potente y rodar en primeras posiciones y esto nos daba grandes esperanzas para alzarse con la victoria final.
Por otro lado, la Vuelta contaba con la presencia del dominador del ciclismo en ese momento, Bernard Hinault y su equipo Renault Gitane, con Greg Lemond, gran promesa y que gustaba por el exotismo de ser estadounidense, y también el que para los franceses parecía ser el relevo natural de “el Tejón” Laurent Fignon.Todos ellos estaban bajo las ordenes del estratega y gran director Cyrille Guimard. Este equipo, por la potencia del bloque que había traído a la carrera española, nadie dudaba que no venía a pasearse.
Por ultimo, apareció la eterna promesa del ciclismo italiano Giuseppe Saronni, que por sus dificultades para la subida, no pudo luchar por la General y se dedicó a ganar etapas y a buscar la alianza con el campeón francés, para salir beneficiados ambos.
En las primeras etapas, el dominio parecía casi total por parte del equipo francés, colocan de líder a Dominique Gaigne, tras su victoria en el prólogo y Fignon se mete en varias escapadas en el llano. Todo hacia suponer que iba a ser una nueva “goleada” de Guimard, pero en las primeras de montaña, se vio que no esto no era así,. Hinault, no arrasaba y “la furia española”, con sucesivos lideratos de Marino Lejarreta, Aberto Fernández y Julián Gorospe,; este último tras la contrarreloj de Valladolid, daban a entender que la carrera no iba a tener un patrón francés.
Hinault se veía sorprendido por los españoles y no conseguía tener su nivel en la escalada.
Parecía todo perdido, con un Gorospe exultante que en la etapa 15 iba líder y lo mejor es que no le quedaban muchas dificultades. La etapa de la Sierra de Ávila nunca había desencadenado hechos trascendentes para la General, aunque nadie dudaba que en la cabeza de “el Tejón” no estaba irse sin intentarlo en ella.
Comenzó esta épica 17 etapa entre Salamanca y Ávila, subiéndose los puertos de Peña Negra, el Pico, Serranillos y por último, Navalmoral a unos 30 kilómetros de meta. Había terreno para hacer daño, pero parecía que iba a ser en vez de el ascenso del francés, el día de su hundimiento. Los españoles se las prometían felices.
El Renault puso un fuerte ritmo desde el principio, con Laurent Fignon, y varios intentos de “el Tejón”, pero ya en Serranillos su ataque fue definitivo y acabó de “romper” al maillot amarillo Julián Gorospe, que por su falta de experiencia había querido responder a todos los ataques del líder de Renault y había reventado, literalmente. Al francés solo le siguieron dos corredores: Vicente Belda y un calculador Marino Lejarreta, pero durante esta larga cabalgada, solo le vieron la espalda y el culotte. No pudieron darle ni un relevo, por su fuerte ritmo y como comentaba el “Junco de Berritz”, al acabar la etapa, a las cámaras de TVE, ni siquiera se atrevió “por miedo a la ira del francés”; y él ni siquiera lo pidió.
Julián Gorospe llego al velódromo del estadio “Adolfo Suarez” de Ávila exhausto, con un retraso de 20´40 sobre Hinault y Alberto Fernández perdía casi 4´00.
Hace unos meses por mi trabajo, tuve que visionar esta etapa y a pesar de no existir imágenes grabadas de los ataques del también llamado “el caimán” en Serranillos, quizás se pueda decir que es la mejor de la historia de la Vuelta, con permiso de la de esta año de Pajares que también fue un auténtico “etapón”, pero como todos sabemos se “manchó” varios meses después.
También hay que reconocer el influjo mediático que tuvo ser el primer año que TVE emitió en directo la Vuelta.
Julián Gorospe, desde entonces no volvió a ser el mismo. El palo fue demasiado grande. Se convirtió en un corredor resignado a vueltas pequeñas, victorias en contrarrelojes y hombre de equipo de otros lideres como Perico Delgado o Miguel Indurain.
Hinault ganò la carrera, pero sus esfuerzos en Abril, le llevaron a fracasar en la preparación del Tour de ese mismo año, que lo ganaría su pupilo Laurent Fignon.
Reventó la carrera, consiguió callar algunas bocas que prometían su hundimiento de manos de “los españolitos” y además logró que en este país nos gustará un poco mas el ciclismo.

Por mi edad, en 1983, 6 años, no vi la etapa, pero cada vez que alguna persona mas mayor, aficionada al ciclismo, me ha hablado de este deporte y se ha ido para atrás en el tiempo, no ha dudado en comentar la hazaña de “el Tejón”.
Hinault debería volver a Serranillos y firmar una placa conmemorativa por su batalla en este escenario abulense.

